
Canto a La Paz
Oración a la querencia indeleble
(Fragmento)
I.
A cuatro mil metros de angustia
sobre el nivel del mar escamoteado
-apostada en el vientre del tótem de nieve-
atalaya el páramo y preside la patria
mi ciudad
Villorrio mártir
que nace cada día desde hace cuatro siglos;
cuenco de indómitas tizonas y de huiphalas nobles
que no conocen tregua;
apacheta primada
que los libres y recios honraron con tu sangre;
espejismo de luz y de granito
que inventaron los dioses para burlar al tiempo;
esa es La Paz.
La Paz,
vitral de escarcha, kantuta y oro.
La Paz,
cuartel del trueno y catedral de la estepa.
La Paz,
hada del ventisquero, alcoba de la estrella.
Parroquia de guerreros consagrada
para sellar la paz
que nunca el destino avieso
concede a sus varones de basalto,
municipio del sol, pueblo vanguardia,
yo te canto en la celda de la ausencia,
yo te vivo tan pleno como siempre en la añoranza.
BELTRÁN SALMÓN, Luis Ramiro: Revista Alejandría N°19, La Paz, Mayo de 2009.